Se remueve el avispero en el Pro…
El ministro de Educación comenzó a armar el 2011 y no teme visualizarse como vicejefe de gobierno. Joven y con un perfil político, es la nueva cara de las figuras que Macri escucha. Con Santilli, tomó un rol protagónico en el gabinete. Si bien no está peleado con Larreta, se independizó del jefe de ministros y se acerca a Michetti.
El desembarco de Esteban Bullrich en el ministerio de Educación no sólo resolvió la acefalía que sufría la cartera desde la salida de Mariano Narodowski tras el escándalo de espionaje y la contratación de Ciro James.
También supuso un nuevo reordenamiento político en la carrera hacia 2011 en la ciudad. Es que Bullrich mantiene una fuerte estructura política a partir de la conducción de Recrear, hoy en proceso de fusión con el PRO, y tiene un armado que alcanza el interior del país. De hecho él es parte de la mesa nacional del PRO.
Esto implica que, lejos de la tecnocracia, se trata de un ministro eminentemente político que le dará esa impronta a la cartera educativa.
Joven y en buena relación con la oposición, es uno de los ministros que Mauricio Macri comenzó a escuchar con más atención luego de la crisis de los últimos seis meses de gobierno junto a Diego Santilli (Espacio Público), Daniel Chain (Desarrollo Urbano) y Néstor Grindetti (Hacienda).
“Esteban tiene un objetivo: acompañar a Gabriela (Michetti). Para eso tiene que empezar a surgir como figura”, le dice a LPO un importante dirigente que pasó por Recrear y que lo acompaña hace años.
Para ello, creen cerca del ministro, haber recaído en Educación es un lugar de mucha visibilidad y que, al igual que Santilli, podría catapultarlo al reconocimiento masivo público y construir un perfil de candidato.
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“La diferencia entre ambos es que el colorado quiere ser número uno y no lo vemos como número dos, y Esteban no tendría problemas”, agrega la fuente, que tiene despacho propio en el Ejecutivo. Independientemente de esto, Santilli tiene una muy buena relación con Bullrich y fue uno de los que incentivó su llegada a la cartera educativa.
Y la apuesta no fue en vano: consiguió cerrar la paritaria docente y hasta quedó en muy buenos términos con los gremios docentes (a los que inclusive invitó a un gran asado), y acotó en 20 días el poder que tenía el secretario de Educación, Andrés Ibarra, ex gerente de Boca y amigo íntimo de Macri.












